Lo que le diga es mentira

“La gente no quiere ser millonaria. Ellos quieren experimentar lo que creen que solo millones pueden comprar.”

– Tim Ferris, La semana laboral de 4 horas

Muchos de nosotros pensamos que primero nos debemos hacer millonarios y luego si podemos lograr nuestros sueños y me incluyo porque eso era lo que pensaba en un inicio. Pero, la realidad es que no tengo ningún interés en ser rica y tú, seguramente, tampoco.

Pensándolo bien, lo que en realidad me interesa es tener la libertad para hacer las cosas que me gustan y que me llenan, en mi caso, es viajar constantemente y tener nuevas experiencias. En tu caso, puede que lo que quieres es pasar más tiempo con tu familia o hacer trabajo de voluntario por un causa en la que de verdad crees o tal vez, también viajar como yo.
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Ya empezó la época de los buñuelos y la natilla y con ello se anuncia el 2017… y como es típico de todos los fines de año, empezamos a pensar en las cosas que hicimos o dejamos de hacer, porque para muchos el fin de año es un recordatorio de todas las cosas que no hicieron ya sea por tiempo, olvido o por simple falta de “fuerza de voluntad”.
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Hola a todos! Les traigo una nueva ronda de artículos interesantes que me he encontrado navegando por internet este mes:

  • Henry Ford se hizo rico duplicando el salario de sus empleados: me encantan estas historias que sacan a luz la importancia de tener en cuenta al talento humano y sus condiciones laborales y, es que, las grandes compañías se hacen con el sudor y la fuerza de su personal.

    En 1913, el número de trabajadores había crecido hasta los 14.000 y la producción a 248.307 automóviles. Pero había un problema, tenían una rotación anual del 370% […] Además sufría una tasa de absentismo diario del 10%, por las malas condiciones laborales. Todo esto provocaba un estrangulamiento de la compañía, que estaba a punto de morir por el éxito provocado por la cadena de producción.

    […]

    En 1914, la tasa de absentismo se redujo al 2’5 %, la tasa de rotación disminuyó hasta el 54% y en 1915 hasta el 16%. Además, la productividad aumentó entre el 40-70 % por trabajador y los beneficios crecieron un 20%. Así que resulto que aquello que el periódico New York Evening Post tituló como “Un acto magnífico de generosidad” resultó ser una excelente inversión.

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