Lo que le diga es mentira

“Me gusta el trabajo. Me fascina. Soy capaz de sentarme y mirarlo durante horas.”
– Jerome K. Jerome, “Three Men in a Boat”, 1889

Uno de los factores más importantes para lograr ser productivos es tener buenos hábitos. Sin importar las herramientas que compres, si no construyes el hábito de ingresar a tu nuevo software, registrar tus tareas según tu nuevo sistema de productividad o hacer seguimiento a tus tareas desde tu aplicación de celular, de nada servirá adquirir toda la tecnología del mundo para hacerte más productivo y es aquí donde falla la mayoría de la gente en sus primero intentos hacia la eficiencia.

“El hábito puede llegar a ser o el mejor de los sirvientes o el peor de los amos.”

– Nathaniel Hawthorne

La buena noticia es que los hábitos se pueden adquirir y perder, la mala es que el hombre es un animal de costumbres y salir de nuestra zona de confort no es tan fácil de realizar. Cambiar nuestros hábitos más arraigados de visitar facebook, ver televisión toda la noche, jugar videojuegos los fines de semana o pasarnos los días apagando incendios y dejándonos llevar por lo urgente, requiere de fuerza de voluntad y motivación.
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“Nunca subestimes el poder de los sueños y la influencia del espíritu humano. Todos somos iguales en esta noción: el potencial para vidas espectaculares está en cada uno de nosotros.”

– Wilma Rudolph, ganadora de tres medallas de oro en 1960 y una de bronce en 1956

Recientemente, me fue compartido el libro “Los cuatro acuerdos” de Miguel Ruiz y debo decir que aunque estaba un poco escéptica al principio, me ha parecido una gran joya de la literatura.

En los cuatro Acuerdos, Miguel Ruiz se adentra en la fuente de todas nuestras creencias e ideas impuestas por la sociedad que nos limitan y a veces nos impide ser felices. El autor nos guía a través de varias enseñanzas y ejemplos como llegar a la libertad personal.

“Los seres humanos soñamos todo el tiempo. Antes de que naciésemos, aquellos que nos precedieron crearon un enorme sueño externo que llamaremos el sueño de la sociedad o el sueño del planeta. El sueño del planeta es el sueño colectivo hecho de miles de millones de sueños más pequeños, de sueños personales que, unidos, crean un sueño de una familia, un sueño de una comunidad, un sueño de una ciudad, un sueño de un país, y finalmente, un sueño de toda la humanidad. El sueño del planeta incluye todas las reglas de la sociedad, sus creencias, sus leyes, sus religiones, sus diferentes culturas y maneras de ser, sus gobiernos, sus escuelas, sus acontecimientos sociales y sus celebraciones.”

– Miguel Ruiz en Los cuatro acuerdos

Desde que llegamos a este mundo tenemos la capacidad de aprender y soñar pero la sociedad (el sueño construido por nuestros predecesores) tiene tantas reglas y desde pequeños se nos capta nuestra atención para aprenderlas. Aprendemos como debemos comportarnos en la sociedad, con la religión aprendemos que debemos creer y qué no, nuestros padres nos enseñan que es bueno y que es malo, etc. No tenemos la oportunidad de escoger, ni el idioma nativo que hablamos, ni nuestra religión, ni nuestro propio nombre.

“Ser tú mismo en un mundo que constantemente intenta convertirte en otra cosa, es el más grande de los logros.”

– Ralph Waldo Emerson

Esto es lo que llama “la domesticación del ser humano”, de niños no tuvimos la oportunidad de escoger, pero estuvimos de acuerdo con la información que se nos dio, como debemos vestirnos para una entrevista de trabajo, como vestirnos para una cita, como se le debe hablar a un profesor, a nuestro jefe… nos enseñan con un sistema de premios y castigos, cuando recibíamos un premio, un cumplido, nos sentíamos bien, y por ello, continuamos
haciendo lo que los demás querían que hiciéramos y por el miedo a ser castigados o rechazados fingimos para complacer a los demás.

“La domesticación es tan poderosa que, en un determinado momento de nuestra vida, ya no necesitamos que nadie nos domestique. No necesitamos que mamá o papá, la escuela o la iglesia nos domestiquen. Estamos tan bien entrenados que somos nuestro propio domador. Somos un animal auto domesticado. Ahora nos domesticamos a nosotros mismos según el sistema de creencias que nos transmitieron y utilizando el mismo sistema de castigo y recompensa. Nos castigamos a nosotros mismos cuando no seguirnos las reglas de nuestro sistema de creencias; nos premiamos cuando somos «un niño bueno» o «una niña buena».”

– Miguel Ruiz en Los cuatro acuerdos

Y así, aprendimos a juzgar, juzgamos todo lo que hacemos y dejamos de hacer, todo lo que pensamos y no pensamos, todo lo que sentimos y no sentimos y juzgamos a todos los demás. Vivimos en un mundo lleno de violencia y gobernado por el miedo, vemos sufrimiento, venganza, intolerancia e injusticias.
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Al encontrarnos envueltos en el día a día, una de las cosas que olvidamos más fácilmente es el ¿para qué?, ¿para qué trabajamos?, ¿para qué queremos ganar dinero?. Es increíble la cantidad de gente que lleva una vida monótona de levantarse, salir a trabajar y volver a dormir cuando ni siquiera disfrutan su trabajo.

Hace poco estuve leyendo una entrevista muy interesante sobre Molly Crabapple, artista americana, escritora y emprendedora, en la que decía:

“Vivimos en una era donde mucho de lo viejo se está derrumbando, por eso sugiero que la gente no trate de encajar en las nociones de lo que es profesionalmente viable, porque ese paradigma se acabo. Yo sugiero que te enfoques en lo que te hace distinto, tus pasiones, y tus jodidas experiencias y seas tan tú como puedas. Expresa eso con mucho oficio, disciplina y rigor que puedas; trabaja tan duro como puedas para construir una carrera de eso, y luego crearás una carrera que amas y que sea fiel a ti mismo(a), al contrario de hacer lo que piensas que otros quieren y desgastarte cuando seas mayor.”

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